Desde la mañana en la que se había enterado de quién era en realidad, debió haber parado con ese tonto juego de liarse con ella para no resultar el completo iluso que estaba siendo en aquel momento.
Después de la pasión que habían compartido, le pareció que ella fue sincera; lo había mirado a los ojos y respondido sin remordimientos que nunca le había mentido, cuando en ese instante le daba la espalda a cambio del puesto de presidente de la empresa de su esposo.
Entonces, se arrepintió de haber