Mundo ficciónIniciar sesión-HISTORIA COMPLETA- En un viaje que le encargó su suegra como representante de la empresa, Megan conoce casualmente a un hombre en un club, llegando a pasar la noche con él, no sin antes ponerlo al tanto de su estado civil. Sin embargo, no contaba con que ese mismo hombre era la persona con la que Dina la había enviado a reunirse en su primera intervención como futura presidenta de la compañía. Una vez descubierta la verdad, ambos deberán enfrentarse en más de una ocasión, tratando de inclinar la balanza a favor de la razón y no del corazón. No obstante, para Megan era todo más complicado, ya que para que pudiera ser la futura presidenta de la empresa de su suegra, debía respetar una cláusula del contrato matrimonial que había firmado: tenía que seguir casada con el bueno para nada de Derek.
Leer másHanna Müler.
Salí corriendo del hospital, donde estaba haciendo las prácticas de ultimo años de carrera antes de la especialidad. Suelo ser una persona muy previsora, me gusta gestionarme mis tiempos para dedicarlo, sobre todo, a mi hermana Mía de ocho años, pero esta vez Madame Flynn Lee no me dio casi tiempo para prepararme.
Por lo visto esta noche teníamos un servicio urgente, varios millonarios habían llegado a la ciudad para una convención de hoteleros y necesitaban compañía para asistir a diferentes eventos. Se suponía que descansaba este fin de semana, pero por lo visto no era así. Miré el reloj en mi muñeca, tenía todavía dos horas para llegar a casa, dar de comer a Mia, avisar a la señora Hollman, para qué anoche se quedará con mi hermana, y prepararme para estar lo suficientemente atractiva, para asistir a la convención que se iba a celebrar en el Gran Hotel Miller Continental, daba gracia que Beatriz me recogiera, o sino no sabía de donde iba a sacar el tiempo. Habíamos sido llamados diez de los mejores acompañantes de mi empresa W.S Company, que iban distribuidos entre damas y caballeros acompañantes. Era una empresa totalmente legal, ofrecíamos servicios de acompañante masculinos o femeninos, niñeras o niñeros, damas o caballeros de servicio, organizadoras u organizadores de eventos, y todo aquello que tuviera que pudiera hacer la vida de los millonarios, las millonarias, los empresarios, las empresarias, solteros, solteras, casados, casadas o viudos, viudas, más fácil. Las reglas de W.S. Company eran muy claras, no era una empresa de damas y caballeros de compañía, dónde los servicios más especiales, como son las relaciones sexuales estaban rotundamente prohibidos, éramos simplemente una empresa de servicios. También estaba prohibido, revelar secretos de los o las clientes o meterte en algún conflicto donde él o la cliente quedará en evidencia, y lo más importante enamorarse de un cliente o una cliente. Lógicamente el o la cliente debían comprometerse, también en algunas reglas, bajo contrato, como era, comportarse con educación y respeto hacia su acompañante, no podían darnos regalos que no fueran ya previamente estipulado en el servicio que habíamos prestado, no enamorase de la o el acompañante, y desde luego, no difundir mala publicidad de la compañía que habían contratado. Cualquier rotura de esas reglas tanto por parte de las o los acompañantes como por, el o la cliente que nos había solicitado el servicio constituía un rompimiento de contrato, y la consiguiente sanción económica estipulada en el contrato, o despido, según procediera. En realidad, este no era mi trabajo soñado, estaba estudiando medicina, me quedaba un año y después, quería hacer la especialidad de cirugía general, además interinidad, que me daría el dinero suficiente para dejar este trabajo. Mientras tanto debía atender a mi hermana, tras el fallecimiento hace dos años de nuestros padres, en un accidente de coche múltiple, donde murieron muchas personas. Mis padres eran maravillosos padres, y unos auténticos eruditos en medicina, mi padre era profesor de medicina, y se dedicaba a la investigación del cáncer, mi madre, por su parte, era una excelente pediatra, como médicos eran excelentes, pero como muchos importantes científicos, para todo lo que tenía que ver con la economía, la gestión económica y los ahorros financieros, eran un total desastre. A pesar de sus grandes sueldos, no eran para nada ahorrativos. Nunca pensaron tener previsto, por si en el futuro, o como en este caso, tras su accidente de coche que acabó con sus vidas, tener asegurado el futuro de sus hijas. En su defensa, digo que, hasta hace dos años, era la típica estudiante de medicina, hija de eruditos en ese campo, que sólo se preocupaba por estudiar, y en que su padre le diera todo lo que ella le pidiera, me encanta salir de fiesta a divertirse con sus amigas, que compartían mi oculto hobby, pero todas terminaron desaparecidas, cuando mi familia cayó en desgracia. Cuando mis padres fallecieron en ese accidente, los acreedores que hasta ahora se habían conformado con recibir un pagaré a cuenta de la gran fortuna que mi padre ganaría cuando sus estudios terminasen, y mientras los sueldos astronómicos pagaban la casa, y los lujos que yo y mi hermana pedíamos, exigieron su ejecución, y cayeron sobre los bienes que quedaban de la familia. Tuve que vender la gran mansión que mis padres habían comprado, así como muchos de los tesoros, y joyas que mi madre y yo teníamos, para pagar la deuda que mi padre había contraído. Cuando todo acabó, nos quedamos con lo suficiente para comprar un pequeño apartamento en las afueras de Londres, cerca de mi universidad, para poder ir caminado, ya que también tuve que vender mi deportivo. En un principio pensé en dejar mi carrera de medicina, y dedicarme a trabajar para cuidar a mi hermana, pero cuando estaba a dos meses de tener que pagar la matrícula del próximo semestre, una de mis compañeras me habló de la empresa W.S. Company, al parecer muchas y muchos universitarias y universitarios, habían trabajado para ella, usándola para pagarse su carrera, ya que, entre el sueldo, y las propinas que recibía por los o las clientes, te podías permitir ese lujo. Pese a lo bien que me habló del trabajo, yo lo rechacé de primeras, pensé que tendría que hacer otras cosas por dinero, para mi modo de ver en ese momento, un o una acompañante eran igual que a una prostituta o a un jineteo. Pero esto era por mis perjuicios, nada más lejos de la realidad. Otras causas de mi primer rechazo fueron que tengo novio hace cuatro años, es un hombre maravilloso que se ha mantenido a mi lado pese a todo lo que he sufrido, ha sido el primer y único hombre con el que he estado y ni quería cruzar esa línea. Pero como se suele decir, "las ganas nacen de la necesidad", y cuando las facturas se acumularon, la mensualidad del colegio de mi hermana ya no se podía aplazar más, y el semestre de la Universidad estaba muy próximo, decidí probar para intentar resolver por unos meses mi problema. Pero cuando empecé a trabajar, y empecé a tener clientes fijos, me di cuenta de que no era tan malo como mi mente había pensado en un principio. Todos mis clientes eran muy respetuosos y cumplían con las normas de la empresa, comencé a tener clientes fijos, que cuando pasaban por la ciudad, solicitaba mis servicios, siempre estipulaban mi regalo previo, que solía ser económico. Así mismo, las ganancias de este trabajo me ayudaban a pagar mis estudios y los de mi hermana, así pudimos mudarnos a una casa más grande y mejor, y vender la antigua. El dinero dejó de escasear, comencé a ahorrar, y pude comprarme un coche, y pagarlo al contado. Cuando comenzará mi interinidad, el próximo año, dejaría este trabajo, además de que, hasta ahora, mi novio John, no se había enterado, en casi dos años, del trabajo que hacía, pensaba qué hacías turnos extras en el hospital, para mantener así a mi hermana, si todo iba bien, creo que nunca se enterará. No es que no quiera decirle la verdad, el problema es que John viene de una familia bastante conservadora, la familia Raddiffe, una familia muy conocida en el mundo de la hostelería. De hecho, a raíz de lo que sucedió con mis padres, y debido a que salió en todos los periódicos, donde se hablaba de como la muerte de uno de los mejores científicos alemanes, icono de la lucha contra el cáncer, trajo la quiebra económica de la familia. Debido a esto, John y yo, tuvimos que fingir que habíamos roto la relación, ante la negativa y la oposición familiar, sobre todo por parte de su madre, de que continuáramos nuestro noviazgo, con una mujer que había perdido su herencia. La verdad que eso fue idea mía quería facilitarle mucho a mí novio, el que tuviera problemas con su madre, qué le generarán problemas en sus aspiraciones. John se hallaba inmerso en una lucha con sus hermanos mayores, para poder acceder a la presidencia de la cadena hotelera Raddiffe Blue, que había dejado su padre tras su muerte, debido a un paro cardio respiratorio, pero era únicamente su madre, la que tenía la última palabra, por eso decidí ayudarlo.- "¿Estás lista? Me dijo mi mejor amiga y compañera en la empresa, Beatriz Walker, era una modelo en ascenso, para pagarse su carrera y que le daba publicidad, ya que muchas veces había eventos donde diseñadores, y gente de ese mundillo asistía.
- "Me pongo los tacones y listo, por cierto, este traje que elegiste para mí, ¿no crees que es muy revelador?, como suspire, va a reventar la parte de arriba del vestido, y voy a formar un verdadero espectáculo."- me queje con mis amigas.
Bea era la que se encargaba de las compras, y adjudicación de los vestidos de la damas o caballeros de compañía. Tenía un ojo clínico para la moda y el estilismo, así que cada día recibía en mi casa, el vestido que me tocaba esa noche que trabajaba, yo lo tenía que devolver limpio y sin roturas al dia siguiente, o se me descontaría del sueldo, ese día también era cuando iba a cobrar por el servicio que había realizado la noche anterior.
- "Menos quejas, Caperucita, que es para que tu lobo se sienta a gusto a tu lado, y te dé una buena propina."- me dijo mi graciosa amiga.
- "Mientras sea una propina, y no quiera comerme."- le dije burlándome también, que estúpida fui.
Lastimosamente debí insistir más en cambiarme este vertido de Caperucita pervertida, ya que, por culpa de este maldito, y de un malentendido, mi vida iba a comenzar a cambiar, drásticamente, quisiera yo o no.
Roma, 3 meses despuésMegan se miró al espejo con un vestido en tono celeste y se dio cuenta de lo bien que le sentaba el embarazo.Se estaba terminando de arreglar para asistir a la boda de un amigo de Luck, Antonio De Santi, y deseó con todo su corazón que los novios fueran muy felices como lo eran ella y su flamante esposo.Miró su anillo de casada y suspiró. Era muy feliz.—Estás preciosa —le dijo el escocés, abrazándola desde atrás.—Parezco un balón de playa —bromeó Megan.—El balón más sexy —la molestó Luck.Megan solo sonrió y se aferró al brazo que él le ofreció para marcharse a la recepción del matrimonio.—¿Cómo son tus amigos? Espero que no se molesten por saltarnos la ceremonia religiosa —dijo culpable, mientras bajaban de la limosina que los llevó a la mansión de los De Santi.—Antonio es un hombre de negocios que siempre tuvo ojos solamente para su hermana pequeña, Lisa, ya que perdieron a sus padres cuando ella era muy pequeña. Su abuelo lo crió a él y malcrió a esa ni
Tres meses después de su reconciliación, se casaron en una boda íntima a las afueras de Edimburgo, en la que estuvieron presentes los familiares de Luck y algunos amigos suyos.Megan llevó puesto un vestido de cuento de hadas. Fue un día lleno de sorpresas, y, cuando lo vio en el altar improvisado que se armó al aire libre, esperando por ella, su corazón dio un brinco de alegría.Ambos disfrutaron de la ceremonia y sonrieron radiantes para las fotografías.—Estás preciosa —le dijo Luck cuando al fin los dejaron a solas—. Te extrañé mucho… —La abrazó y le dio un delicado beso en los labios.Megan apenas había llegado el día anterior de Londres. Su agenda estaba muy apretada y había terminado de resolver compartir la presidencia con Derek, quien asumiría el control de la compañía cuando ella tuviera que tomarse un descanso por su maternidad.Si bien, en principio a Luck no le causó nada de gracia que siguieran trabajando juntos, que Bianca le compartiera la feliz noticia de que ella y e
—¿Embarazada? —inquirió, recordando que no había tomado precauciones ninguna de las veces que estuvieron juntos, y si ella estaba decidida a divorciarse, era porque no existía posibilidad de que ese bebé fuera de Derek.—Si dudas de mí… —susurró Megan, temiendo escuchar que le preguntara de quién era el bebé.—¿Cómo dudaría de ti? —increpó él, frunciendo el ceño—. Es mío, nuestro… seré padre… —musitó, incorporándose en la cama.—Te juro que no lo planeé. Me sorprendí tanto como tú cuando lo supe… —explicó ella.—¿Sabes lo que eso significa, Megan? —preguntó de repente, con una sonrisa malévola en sus labios—. Significa que debes casarte conmigo.Megan sonrió e hizo un gesto de resignación por lo poco que le duró el enfado. Una sonrisa bastó para que volviera a caer en las tretas del socio.—Todavía no firmé los papeles del divorcio… —dijo para molestarlo.—Cuando los firmes, nos casaremos.—Ni siquiera te he perdonado —insistió.—Dadas las circunstancias, no tienes más remedio que per
—Megan, me he equivocado contigo y lo siento, lo siento mucho, de verdad —inició Luck.—Se puede saber, ¿qué te ha hecho cambiar de opinión? —cuestionó con sarcasmo.Luck respiró hondo porque sabía que no sería fácil que ella lo perdonara.—Adrián me contó del acuerdo de divorcio; lo vio en casa de tu amiga…—Y eso te convenció…Luck asintió.—Lo siento, Luck, pero ahora, quien ya no confía en ti, soy yo. Márchate, por favor. No me siento bien y lo que menos quiero es discutir contigo.—Megan, te juro que no volveré a tratarte de ese modo, pero entiéndeme. Tú no me dices nada, omitiste lo de tu prenupcial, ni siquiera mencionaste que serías presidenta y tuviste una semana para conversarlo conmigo, explicarme las pautas de ese contrato y evitar todo este malentendido entre nosotros. ¿No puedes ponerte en mi lugar? —interpeló con convicción, buscando convencerla de darle otra oportunidad.—No te dije nada del acuerdo que firmé hace cinco años, porque iba a renunciar a la presidencia por
Adrián palideció como pocas veces y cayó de golpe en el asiento que iba a ocupar frente a Luck, en el jet privado que los llevaría a Roma. Presionó con fuerza su móvil y ordenó de inmediato que el piloto cambiara de destino. Irían a Nueva York.—¿Pudiste convencerla? —preguntó Luck, tomando asiento frente a Adrián y abrochándose el cinturón.Acababa de subir al jet y ni siquiera se imaginaba los cambios de planes que había hecho su amigo.—No. Megan… —Adrián calló sin poder decir lo que había escuchado.—¿No quiere verme? —preguntó con desilusión Luck.—No lo sé, Cam… —musitó el rubio sin saber qué decir—. Megan… al parecer…Las pausas que hacía Adrián, exasperaron a Luck que comenzó a irritarse con la conducta impropia de su amigo.—No tienes que fingir conmigo; ya suponía que se negaría a verme.—No se trata de eso, amigo. Iremos a Nueva York a que resuelvas tus problemas con ella, antes de que sea muy tarde… —Adrián tragó con esfuerzo.—Adrián, nos conocemos de toda la vida, ¿qué m
—¡Soy un imbécil!—Menos mal te has dado cuenta —refutó Adrián, rodando los ojos y resoplando con fastidio—. Siéntate, Luck.El susodicho hizo lo que le pidió y esperó pacientemente a que su amigo hablara.—Yo pienso que tú eres el problema y no los asuntos de esa mujer. Te vuelves inmaduro, inseguro y estúpido cuando se trata de ella y te desconozco. Nunca te había visto titubear tanto en una relación y cometer tantos errores. ¿Estás seguro de que Megan es la mujer indicada para ti? —cuestionó con toda la seriedad del mundo.Luck sonrió como un tonto, pensando en los besos de Megan, en su aliento erizándole los vellos de su piel. Sus ojos verdes que lo desarmaban por dentro y su seductora boca que, con un pequeño roce, lograba que le ardieran las entrañas. No pudo dejar de evocar sus pequeñas y suaves manos recorriendo su cuerpo que se quemaba bajo su tacto. Y su piel aterciopelada… ocuparía toda su vida besando su sedosa tez.Definitivamente, esa mujer se había adueñado de la mitad
Último capítulo