Adrián palideció como pocas veces y cayó de golpe en el asiento que iba a ocupar frente a Luck, en el jet privado que los llevaría a Roma. Presionó con fuerza su móvil y ordenó de inmediato que el piloto cambiara de destino. Irían a Nueva York.
—¿Pudiste convencerla? —preguntó Luck, tomando asiento frente a Adrián y abrochándose el cinturón.
Acababa de subir al jet y ni siquiera se imaginaba los cambios de planes que había hecho su amigo.
—No. Megan… —Adrián calló sin poder decir lo que había e