—¡Soy un imbécil!
—Menos mal te has dado cuenta —refutó Adrián, rodando los ojos y resoplando con fastidio—. Siéntate, Luck.
El susodicho hizo lo que le pidió y esperó pacientemente a que su amigo hablara.
—Yo pienso que tú eres el problema y no los asuntos de esa mujer. Te vuelves inmaduro, inseguro y estúpido cuando se trata de ella y te desconozco. Nunca te había visto titubear tanto en una relación y cometer tantos errores. ¿Estás seguro de que Megan es la mujer indicada para ti? —cuestionó