La mañana empezó con dos voces pequeñas discutiendo por una estrella plateada.
No por un juez.
No por un padre.
No por una abuela, una patrulla o una denuncia.
Por una estrella.
Y para Elena, ese detalle fue casi insoportable de hermoso.
Sofía estaba sentada en la alfombra del salón con las piernas cruzadas.
Mateo, frente a ella, sostenía una hoja azul llena de estrellas mal recortadas.
El gato dormía dentro de la fortaleza de cojines como si le hubieran asignado oficialmente la custodia del lu