Elena no durmió.Ni un minuto.Ni un segundo.Permaneció inmóvil horas enteras, con los ojos abiertos en medio de la oscuridad, escuchando la respiración tranquila de Daniel a su lado.Cada inhalación suya sonaba como un insulto.Cada exhalación, como una mentira dicha en voz baja.Mateo.Valentina.—Necesita a su papá —resonaba una y otra vez.Las palabras giraban en su mente como un carrusel roto, incapaz de detenerse.A las cinco de la madrugada, el cielo empezó a clarear.Elena se levantó sin hacer el menor ruido.Sus pies tocaron el suelo frío.No sintió nada.Ni el frío, ni el cansancio, ni ese dolor que sabía que llegaría después.Solo percibía un vacío inmenso, justo donde antes había estado toda su vida.Bajó las escaleras.La casa permanecía en silencio absoluto.Los restos de la fiesta seguían por todas partes: un globo desinflado sobre el sofá, confeti rosa acumulado en las esquinas, el cartel que decía «Felices 7 años», pintado con tanto esmero por Sofía.Ayer, esos detal
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