La puerta acababa de cerrarse detrás de Daniel y Carmen.
La casa quedó en silencio.
No un silencio de paz.
Uno de después de la explosión.
Pesado.
Polvoriento.
Irreal.
Elena siguió con la frente apoyada en la madera unos segundos más.
Sentía el cuerpo vacío.
Como si todo lo que la sostuvo en las últimas horas hubiera sido pura adrenalina y ahora, por fin, el cansancio viniera a cobrarlo.
Detrás de ella, Lucía no dijo nada al principio.
Solo se acercó.
Le puso una mano en la espalda.
Firme.
Cali