El mensaje de Daniel seguía abierto en la pantalla.
No toques mi relación con el trabajo.
Ya bastante dañaste hoy.
Elena lo leyó una vez.
Luego otra.
Y por primera vez desde que todo empezó, no sintió solo miedo.
Sintió una rabia tan limpia que casi parecía claridad.
Rodrigo levantó la vista desde el portátil.
—¿Qué dijo ahora?
Elena le mostró el teléfono.
Él leyó en silencio.
Paula también se inclinó apenas para ver.
Lucía, desde el sofá, hizo una mueca.
—“Mi relación