Bonita fortaleza.
Lástima que tiene ventanas.
Elena dejó de respirar.
El teléfono le tembló entre los dedos.
La foto seguía ahí.
La cortina clara.
La oscuridad del cuarto.
Las dos siluetas apenas marcadas detrás de la tela.
Ella.
Y Sofía.
Dormidas.
Vistas.
No pensó.
Actuó.
Se incorporó de golpe sobre la cama y se inclinó hacia la niña.
—Sofi.
La voz le salió en un susurro apretado.
Demasiado tensa para sonar tranquila.
Sofía frunció el ceño en sueños antes de abrir los ojos a medias.
—¿Mami?