La bici fue lo primero que vio Sofía cuando Elena abrió la reja de la casa de Lucía.
Aún cubierta con la funda gris del coche.
Aún con el lazo nuevo en el manubrio.
Aún siendo, a pesar de todo, solo una bicicleta rosa.
Y, sin embargo, cuando la niña la reconoció, su cara cambió.
No del todo.
No como antes del desastre.
Pero cambió.
—¡Mi bici!
La voz salió más viva que en muchos días.
Elena sintió el golpe inmediato en el pecho.
Porque a veces la esperanza vuelve así.
No en grandes reconciliacio