El silencio fué largo e incómodo. Por primera vez comprendí por qué mi padre había confiado tanto en Rocco. No levantaba la voz, no perdía el control. Simplemente hacía que todos los demás lo perdieran.
La reunión terminó una hora después. Los directivos abandonaban la sala formando pequeños grupos, murmurando entre ellos. Yo seguía intentando ordenar todo lo que había escuchado.
Mi padre investigaba una corrupción interna. Había desaparecido un posible nuevo testamento. Ahora también faltaban