El despacho quedó completamente en silencio. La pantalla del ordenador permanecía negra después de que la grabación se cortara de forma abrupta. Sentí que el corazón me golpeaba con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—Eso es todo... —murmuró el jefe de seguridad—. Es lo único que nuestros técnicos pudieron recuperar.
Rocco no respondió. Tenía la vista fija en el monitor apagado y los puños cerrados con tanta fuerza que los nudillos se le veían muy tensados.
Era la primera vez que lo veía r