Los días transcurrieron con una calma engañosa.
Ni llamadas, ni visitas.
Alessia no volvió a ver a Alessandro, y por primera vez en mucho tiempo, el silencio parecía su mejor refugio.
Bianca había organizado la despedida de soltera en su apartamento. Cuando Alessia llegó, ya habían varias compañeras reunidas. La mesa estaba llena de copas, dulces, serpentinas y regalos envueltos en papel brillante.
—¡La novia ha llegado! —gritó Bianca, colocándole un velo blanco y una copa de champán en la mano