Al día siguiente, Alessia despertó con el sonido del celular, se rompió el silencio de la habitación.
Alessia abrió los ojos con pereza, estiró la mano y respondió sin mirar el número.
—¿Aló?
—Buenos días, señorita Bellini disculpe la hora—dijo una voz femenina al otro lado de la línea—. Le habla Giulia, la organizadora de su boda.
—Buenos días, Giulia —respondió Alessia, incorporándose en la cama—. ¿Ocurre algo?
—Necesito la lista de invitados, ayer se me olvidó pedirla —explicó la mujer—. Co