C83: La herida ya no amenaza su vida.
Milord apretó con fuerza la muñeca de Azucena, buscando detener la sangre que corría sin control. Sus dedos se clavaban en la piel herida, ejerciendo presión con desesperación, mientras maldecía en voz baja, entre dientes, una y otra vez.
—¡Carajo!… ¡Mierda! —resoplaba como escupiendo las palabras, con la frente perlada de sudor y el corazón golpeando en su pecho como un tambor desbocado.
No encontraba una solución inmediata. Esa impotencia lo devoraba, y la idea de verla morir le resultaba into