C77: Un bastardo sin valor alguno.
Milord clavó sus ojos en el pequeño cachorro que Azucena sostenía entre sus manos.
—Entonces no sirve —dictaminó sin vacilar.
Los labios de Azucena se abrieron sin que pudiera creer lo que había escuchado. La incredulidad la paralizó por unos segundos, hasta que su voz fragmentada rompió la quietud del establo.
—¿Cómo que no sirve? ¿Qué está diciendo, Alfa? —preguntó con los ojos muy abiertos, incapaz de comprender cómo un padre podía rechazar al hijo que acababa de nacer.
—Tú misma afirmaste q