C72: Me harté de ellas.

Milord se encontraba en su alcoba cuando ordenó a sus criados que llevaran a Azucena ante su presencia, por lo que ella fue escoltada desde el establo hasta la puerta del Alfa.

Cuando finalmente apareció ante sus ojos, Milord la recorrió con la mirada de arriba abajo, en lo que el gesto de desagrado se dibujó en su rostro: sus labios se torcieron y su ceño se frunció con severidad.

Azucena estaba cubierta de heridas visibles, moretones que surcaban su rostro, sus brazos, y varias partes del cuerpo, señales de un maltrato reciente. La inquietud se reflejó en su mirada mientras se acercaba, evaluando con precisión cada marca.

—¿Qué te sucedió? —preguntó—. ¿Por qué estás tan llena de moretones y golpes por todo el cuerpo?

Milord la examinó con atención, recorriendo cada señal de violencia.

—Estos no te los hice yo —agregó. Lo que más le desagradaba era pensar que algún otro macho se había atrevido a tocar lo suyo.

Azucena permaneció en silencio, reprimiendo la inclinación de explicarse.
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