—Por esa razón —prosiguió Milord, prepotente—, he tomado la decisión de imponerte un castigo, Rey Alfa Askeladd. ¿Y sabes cuál fue ese castigo? Un grupo de tus lobas, junto con sus crías, fueron masacradas sin piedad. Mis lobos y yo disfrutamos cada instante de su agonía, nos divertimos con sus gritos y con el dolor que provocamos. Todo eso, Askeladd, fue consecuencia directa del error que cometiste.
Dio un paso hacia adelante, con una expresión llena de soberbia.
—Esa fue mi primera advertenci