C22: Absolutamente nadie que no sea yo podrá tocarte.
El Alfa condujo a Azucena hasta la habitación que ya estaba destinada a ser la de ella. Al llegar, no mostró la más mínima delicadeza en el gesto de hacerla bajar; simplemente se agachó un poco y, balanceando su cuerpo, facilitó que las piernas de Azucena se deslizaran suavemente hacia el suelo. Sin embargo, ella no logró mantener el equilibrio, y al tocar el piso terminó desplomándose con cierta torpeza.
A pesar de ello, no tardó en recuperar la postura, incorporándose mientras se sacudía la r