C154: Ya no quiero esperar.
Milord la observaba con una calma que helaba la sangre, mientras sus manos comenzaban a moverse con una suavidad engañosa. Retiró las lágrimas de su rostro con la yema de los dedos, como si quisiera borrar de su piel cualquier rastro de dolor. Luego, su mano descendió lentamente por el brazo de Azucena, acariciándolo con un gesto que parecía ternura, pero que estaba cargado de posesión. Ella temblaba bajo aquel contacto, incapaz de apartarse, consciente de que cada roce era un recordatorio de q