C153: No llores...
Azucena emergió lentamente de la inconsciencia, como quien se arrastra desde el fondo de un sueño oscuro y pesado. Sus párpados parecían cadenas oxidadas que se negaban a levantarse, y cada intento de abrir los ojos le exigía un esfuerzo sobrehumano. La hierba que le habían hecho oler aún la mantenía aturdida, enturbiándole los pensamientos, como si su cuerpo le perteneciera menos que nunca.
No obstante, lo primero que notó no fue la luz, ni siquiera las sombras de la estancia, sino la cama en