C155: Las cosas cambiarán.
Milord golpeaba la puerta con una ira descontrolada. Primero fueron manotazos violentos, la palma de su mano abierta retumbaba contra la madera. Luego cerró el puño y descargó varios golpes que hicieron crujir la superficie, aunque sin llegar a quebrarla.
—¡Azucena! —rugió—. ¡Abre la maldi*ta puerta! ¿No me escuchas? ¡Te digo que la abras!
El eco de sus palabras resonaba por el pasillo, acompañado del golpeteo seco de sus puños. Al no obtener respuesta, la desesperación se convirtió en brutalid