C152: Van a morir por tu culpa.
Todos en la sala quedaron inmersos en un silencio, pero la calma era solo aparente: bajo ella hervía el temor. El miedo no distinguía culpables de inocentes, sino que también se clavaba en la carne de quienes semanas, meses o años habían servido fielmente a Askeladd sin manchar su nombre. Uno de los gestores, un hombre curtido por la rutina administrativa y orgulloso de su puesto, rompió finalmente la quietud.
—Si alguno de ustedes que tuvo algo que ver en el rapto de la concubina, que hable ah