La cena de pizza sobre el suelo de mármol del gran salón había dejado una huella invisible en la estructura de la mansión. Para el personal doméstico, ver al imponente Sebastián De la Cruz sentado con las piernas cruzadas, riendo ante un chiste técnico de Mateo, era nada menos que un milagro. Pero para Valeria, esa paz era un espejismo peligroso. El mensaje anónimo que ardía en su teléfono era un recordatorio de que su ascenso al poder en Italia no fue gratuito.
A medianoche, mientras la mansió