La Mansión De la Cruz, una fortaleza de granito y mármol que simbolizaba el poder absoluto de Sebastián, nunca había albergado a un enemigo tan pequeño y letal como Mateo Montes. Mientras el sol comenzaba a filtrarse por las pesadas cortinas de terciopelo de la suite de invitados, el niño de cuatro años ya estaba sentado en el suelo, con su tableta iluminando su rostro concentrado.
A las tres de la mañana, Mateo había detectado el intento de intrusión de Isabella Thorne. Ahora, a las siete, ya