El convoy de la Guardia de Hierro avanzaba penosamente por los pasos montañosos del norte de California, entrando en las densas extensiones forestales de Oregón.
Pero este no era el Noroeste del Pacífico que los libros de historia describían.
Los pinos y abetos habían sido reemplazados por estructuras colosales de silicio y carbono que imitaban la forma de los árboles, pero cuyas ramas eran cables de cobre y sus hojas eran pequeños paneles fotovoltaicos que giraban para seguir el sol.
El aire