El regreso desde las cuevas de hielo fue un calvario de dolor físico que Sebastián no había experimentado en décadas.
Sin la Sangre Antigua fluyendo por sus venas para anestesiar sus nervios y sellar sus heridas, cada bache de la moto de levitación se sentía como una puñalada en su columna vertebral.
Valeria lo sostenía con una mano, mientras con la otra pilotaba, sintiendo la respiración agitada y débil de su esposo contra su espalda.
Al llegar a la Torre del Génesis, no hubo una bienvenida