El cronómetro de la extinción parpadeaba en rojo sobre cada superficie reflectante del atrio de la Space Needle.
Diez minutos. Para una inteligencia artificial como Némesis, diez minutos eran una eternidad de eras de procesamiento, para los pulmones de carne y hueso de Valeria y su equipo, era apenas el tiempo de un último aliento.
¡A los ascensores de alta velocidad, ahora! rugió el Coronel Kovic, mientras sus hombres formaban un anillo de acero alrededor de Mateo.
Pero Némesis no iba a permi