La Ciudad de Cristal, Selene, se estaba convirtiendo en un cementerio de diamantes.
Las explosiones de antimateria silenciosas, debido al vacío del espacio, rasgaban las cúpulas geodésicas, enviando billones de fragmentos de cristal a la deriva.
Valeria Miller, aferrada a una barandilla de titanio, sentía cómo la descompresión tiraba de sus pulmones, mientras el Coronel Kovic luchaba por sellar las compuertas del hangar donde el transbordador Ícaro aguardaba su última huida.
En el centro del