Cruzar el umbral del sótano de la Alcaldía de Los Ángeles fue como entrar en un organismo vivo.
Las paredes de concreto original habían sido revestidas con paneles de polímero negro que palpitaban con un resplandor azul pálido.
No había guardias aquí abajo; Némesis confiaba en que nadie sobreviviría a la carnicería de la superficie.
El silencio era tan absoluto que Valeria podía oír el zumbido de los nanobots circulando por los conductos de ventilación.
El ascensor de servicio no tiene energ