El silencio en la sala de juntas de De la Cruz Empire era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Sebastián De la Cruz observaba la pantalla gigante donde los gráficos de su proyecto estrella, "Neo-Madrid", se teñían de rojo. En menos de veinticuatro horas, una serie de ataques cibernéticos coordinados habían expuesto fallos de seguridad que nadie sabía que existían.
Señor, no es un hacker común explicó el director de IT, con la voz temblorosa. Quienquiera que sea, ha diseñado un algoritm