El cielo de Madrid recibió el regreso de la familia De la Cruz con un intenso color naranja, como si reflejara el fuego secreto que acababa de encenderse en la Toscana. El jet privado aterrizó suavemente, pero para Sebastián, cada paso que daba en suelo español parecía caminar sobre una fina capa de hielo a punto de romperse.
Dentro del limusina que los llevaba a la mansión, Mateo se sentó entre Sebastián y Valeria. El niño parecía ocupado con su tableta, pero de vez en cuando lanzaba una mirad