El Eje de Chicago no era solo un edificio; era un motor de succión de datos que se extendía hacia el cielo como una herida abierta. Mientras las unidades pretorianas cerraban el cerco en "La Sombra", Valeria tomó una decisión desesperada: no podían huir por las calles, tenían que subir.
¡A los elevadores de carga magnética! gritó Ricardo, señalando unas plataformas masivas que se deslizaban por el exterior de la torre de obsidiana. ¡Si logramos engancharnos, saldremos del rango de los drones te