El silencio que siguió a la caída del Ascensor de Datos no era de paz, sino de choque. En las costas de San Francisco, el aire todavía vibraba con la energía residual de la explosión cuántica.
La cápsula de emergencia flotaba a la deriva cerca de los pilares rotos del Golden Gate, balanceándose sobre un mar que escupía restos de metal y cables de fibra óptica.
Valeria ayudó a Mateo a salir a la superficie de la cápsula. El cielo, despejado de la niebla violeta de Némesis por primera vez en año