El rugido de los motores de levitación de las naves de la Resistencia Gris rompía el silencio sepulcral del desierto de Nevada.
Valeria, de pie en la rampa de carga de la nave insignia, observaba el paisaje rojizo con una mezcla de nostalgia y repulsión.
Hacía años que no pisaba este lugar; la última vez, el mundo todavía se estaba quemando bajo el fuego de Lorenzo.
Ahora, la naturaleza intentaba reclamar el desierto, pero las cicatrices del Directorio seguían allí, ocultas bajo la arena.
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