—Hueles a él —siseó, dando un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal—. Hueles a ese viejo cadáver que te sacó del pozo. ¿Tan rápido me olvidaste, Liam? ¿Tan rápido buscaste a otro que te reclamara?
—Tú me rechazaste, Damián —le recordé, mi rostro a centímetros del suyo. Podía sentir el calor de su rabia, un calor que antes me reconfortaba y que ahora me ponía en guardia—. Tú rompiste el lazo. Ya no tienes derecho a preguntar quién me toca o a qué huelo.
Él me agarró del brazo con una