Mundo ficciónIniciar sesiónLeonard sonrió con serenidad, acercándose un poco más a Manuel, como si buscara eliminar cualquier distancia que los separara. Alan, con sus pequeños brazos estirados, jugueteaba con los botones de la camisa de su padre, pero aún mirando curioso al niño que tenía frente a él.
—¡Claro que sí, Manuel! Y no me llames señor Leonard. Llámame cuñado. Porque eso soy, tu cuñado, y siempr






