27. LA CONFESIÓN DE LEONARD
Ella parpadea, sorprendida por mi reacción, pero no desiste. Me observa como si buscara algo en mi rostro, alguna respuesta que yo tampoco sé si puedo darle.
—No me estoy burlando, señor Leonard —dice en un tono bajo y serio, casi en un susurro—. Le hice una pregunta directa: ¿cuándo? ¿Y qué quiere decir con que se vuelve un bruto a mi lado? Nadie se vuelve lo que no es.
—Yo sí, señorita. Se lo puedo asegurar —respondo molesto y me alejo de ella—. No crea que me ofende lo q