201. CONTINUACIÓN
Nos retiramos ese día; no podía sacar de mi mente lo que había visto. Semanas después, el hombre, quien supe que se llamaba Bernardino, vino a mi casa y aceptó trabajar con mi padre, y se quedó a dormir. Estaba muy curiosa, por lo que, sin pensarlo dos veces, me escabullí en su habitación en el momento en que él se estaba bañando.
Era muy fuerte y varonil; me vio llegar y siguió masajeá