Alan lo miró sorprendido, entrecerrando los ojos con curiosidad mientras limpiaba sus manos en su camiseta, algo que Leonard desaprobó con una mirada rápida. Pero yo solo miraba a mi hijo, fascinada por cómo estaba procesando este momento tan inesperado.
—¿Eres mi abuelo de verdad? —preguntó Alan, acercándose despacio con curiosidad. —Sí, yo soy tu único abuelo —contestó papá con un guiño, justo antes de mostrarle un pequeño caballito de madera que había sacado del bolsillo del abrigo. Alan lanzó un grito ahogado, de esos que solo los niños hacen cuando están genuinamente emocionados, y dio un paso adelante. —¡Es mío! —Luego se detuvo y preguntó—: —¿Y usas sombrero? —Claro que sí, muchacho —dijo mi padre, entreg&aa