Mundo ficciónIniciar sesiónMientras Carla y yo nos alejábamos sonrientes, sin hacer nada por ella, porque siempre hemos tenido odio hacia Lyssa, que se creía la dueña de Leonard. Y esta era nuestra oportunidad. Nos dirigimos directo a la empresa de los Castillos.
—Por favor, ¿podría avisarle al señor Leonard que sus amigas Valeria y Carla están aquí? —le pedimos a la recepcionista. Esta oportunidad no podíamos desperdiciarla.La empres






