Auren
El mundo se había reducido a un latido. Un pulso constante que retumbaba en mis oídos mientras contemplaba el caos a mi alrededor. Soldados cayendo, gritos desgarrando el aire, el olor metálico de la sangre impregnándolo todo. Y en medio de aquella sinfonía de destrucción, mi padre —el Rey— observaba desde su posición elevada, como un dios indiferente ante el sufrimiento de sus creaciones.
Sentí a Darian a mi lado, su respiración agitada, su mano buscando la mía en medio de la confusión.