Kael
El amanecer se filtraba por las ventanas del palacio como un intruso, iluminando rincones que preferían permanecer en sombras. Observé a Auren desde el umbral de la puerta, su silueta recortada contra la luz matutina. Tenía los hombros tensos, la espalda recta como la hoja de una espada. Desde el incidente con el consejero Darius, algo se había roto entre nosotros, algo tan frágil como el cristal y tan valioso como el oro.
—Auren —la llamé, mi voz más suave de lo que pretendía.
Ella no se