Auren
El amanecer se filtraba por las rendijas de mi habitación cuando abrí los ojos. No había dormido realmente, solo había flotado en ese espacio entre la vigilia y el sueño donde los pensamientos son más claros, más afilados. Mis dedos rozaron el brazalete de plata en mi muñeca, aquel símbolo de mi cautiverio que me había acompañado desde mi llegada al castillo. Hoy sería diferente.
Me incorporé lentamente, sintiendo cada músculo de mi cuerpo tenso, preparado. La carta de Liana había llegado