Auren
El amanecer se filtraba por las rendijas de la torre donde me habían confinado. Tres días habían pasado desde mi confrontación con el Rey, mi padre. Tres días de soledad que, extrañamente, me habían otorgado una claridad que nunca antes había experimentado.
Observé mis muñecas, donde las marcas de los grilletes que había llevado durante años habían dejado cicatrices casi imperceptibles. Pasé mis dedos sobre ellas, sintiendo un hormigueo extraño, como si algo despertara bajo mi piel.
—Nunc