Kael
El salón del trono se había convertido en un campo de batalla. Las columnas de mármol, testigos silenciosos de siglos de historia, ahora presenciaban el enfrentamiento que podría cambiar el destino de dos reinos. El rey Aldric, aquel que había sembrado terror durante décadas, me miraba con una mezcla de desprecio y curiosidad desde su trono de obsidiana.
—Así que tú eres el perro guardián de mi enemigo —dijo con voz pausada, casi aburrida—. El famoso Comandante Kael, la sombra del príncipe