El teléfono en el escritorio de Alex Vargas vibró, rompiendo la concentración que había mantenido durante la última hora sobre los informes de exportación. Era una llamada internacional, con prefijo de Hong Kong. Alex se frotó los ojos, cansado. La diferencia horaria con el mercado asiático siempre le obligaba a alargar las jornadas laborales más allá de lo que su esposa, Giulia, consideraba saludable.
"Alex Vargas", contestó, poniendo el altavoz y recostándose en su silla de cuero.
"Señor Varg