La mañana siguiente al «incidente» en la colina trajo consigo una calma engañosa. Elena se sentía mejor, o al menos eso se decía a sí misma mientras se miraba en el espejo del baño. El color había vuelto a sus mejillas y el mareo había desaparecido, dejando solo una ligera fatiga que atribuyó a la emoción del día anterior y a la intensidad de su nueva vida con Alejandro.
Alejandro, por su parte, se comportaba de manera extraña. Estaba más protector de lo habitual, si es que eso era posible. No