La semana previa a la gala benéfica pasó en un borrón de preparativos frenéticos y una tensión doméstica que aumentaba con cada hora que pasaba. La Hacienda Vargas se había convertido en un hervidero de actividad. Estilistas, joyeros y mensajeros entraban y salían bajo la atenta mirada de Diego y su equipo de seguridad.
Sin embargo, para Elena, el verdadero drama no estaba en los vestidos ni en las joyas, sino en los silencios cargados de significado que compartía con Alejandro.
Desde el incide