El timbre del penthouse sonó pasadas las nueve de la noche. Valeria estaba todavía con el traje blanco, los zapatos tirados en la entrada y una taza de té sin terminar en la mesita. El mensaje de Venegas seguía abierto en la pantalla de su teléfono: «El informe completo estará listo mañana a primera hora.» Pero había algo que la mantenía despierta, y no era la venganza.
Era Mateo. Su sonrisa. El «quizás» travieso que había compartido con él.
El timbre volvió a sonar, esta vez más insistente.
Va